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sábado, 18 de abril de 2009

EL RECTÁNGULO BARROCO



EL RECTÁNGULO BARROCO

Tras una ducha rápida antes de acostarse, el hombre tuvo el mal pensamiento, mientras se pasaba un hilo de seda entre los dientes, de asesinar a su esposa. Las encías le devolvieron la hebra ensangrentada.
La mujer, frente al tocador, fue retirando del pelo las horquillas, con la desilusión hormigueando en las yemas de los dedos. Eran ya demasiados los años de silencio y sufrimiento. La melena larga le deslizó a mechones la pena por la nuca. Se contempló con largueza entre los límites brillantes del espejo. Con lentitud fue descubriendo aquel mundo sugestivo, oculto tras el rectángulo del marco barroco. Alargó el brazo, traspasó el contacto rígido, abierto para ella como dos hojas de cortina, y siguió avanzando.
Él se acercó a ella por la espalda, resignado a cumplir la obligación de una caricia, pero aquella noche, al intentarlo, la bata de satén se desplomó vacía sobre la alfombra. Al elevar la vista descubrió a su esposa, desnuda, al fondo infinito del espejo. Ella, con el cabello recogido por un hilo de seda ensangrentado, le sonrió con ironía y le volvió la espalda, convencida de que ya estaba a salvo para siempre.

4 comentarios:

PILARA dijo...

Enigmático, y muy visual la escena. Con pocas palabras se puede decir mucho y bien. Me ha gustado.

Aleizar dijo...

Los espejos pueden producir cierta intriga; dicen que son puertas a otras dimensiones, tu has llegado más lejos viendolo como una salida. Muy sutil y sugerente.
Creo que esta línea te va muy bien.

Anónimo dijo...

anónimo dice que es un espejo de tu categoría. No hace falta decirte que eres fenomenal

Cartas dijo...

Un marco apropiado para tan gran relato ¡Es que me tenéis verdecita de envidia, o amarilla que ya ni sé!
Está lleno de frases brillantes, lo sabes, cualquiera de ellas la firmaba yo con gusto

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